
Una de los trabajos que más me gusta hacer, y el cual es inversamente proporcional a los gustos de mi camarógrafo, son los informes en lugares difíciles y principalmente relacionados a temas policiales.
Un día, luego de ser informado sobre la aparición de un cadáver sobre las costas de río San José, me decidí a buscar el lugar y realizar un informe desde allí.
Estuvimos rondando por la zona durante 30 minutos, indagamos a los vecinos e incluso encontramos a la primera persona que detecto el cadáver.
Éste último nos indicó el camino para llegar al lugar.
La travesía era la siguiente. Tomen calle Vidal hasta el fondo, ahí van a encontrar una casa, pasen por el costado habrán la tranquera y sigan viaje hasta el primer monte (ojo con los perros), después de allí van a ver un sendero que va entre los árboles, síganlo al llegar a una montaña de leña de monte tomen a la derecha sigan por un caminito de tierra que baja hasta el río, allí van a ver una islita, en el único árbol que esta en ese lugar estaba colgado el cuerpo.
Efectivamente realizamos todo el recorrido, en una zona que no es la más conocida por su seguridad. Llegamos al lugar un poco preocupados por lo aislados de la civilización y nuestro apetitoso botín para los amigos de lo ajeno. Cámara filmadora, cámara de fotos, micrófonos, celulares, moto, etc. Para darles una idea solamente entre las cámaras teníamos

3000 dólares.
Finalmente termine el copete y el informe desde el lugar (la isla en el río) mostrando donde había aparecido el cuerpo como había llegado hasta ahí y relatando algunos detalles más.
Una vez terminado el trabajo nos dispusimos rápidamente a huir de ese lugar. Tomo los bolsos con los equipos atravesé un sector donde era bastante profundo y blando el barro y esperé que el cameraman me alcanzara en la moto para salir y volver al mundo.
Después de caminar unos 20 metros me sobresaltó un grito furioso: “prende por dios!!!!” me di vuelta y pude apreciar a un hombre con el rostro transformado por la furia intentando infructuosamente prender una moto que con cada patada parecia estar más cerca de su destrucción.
Finalmente luego de algunos minutos apreciando ese lamentable espectáculo alcé mi vos y grite “ponela en contacto!!!!!”. Acto seguido salimos de ese lugar con el Sr. Fernández.
Es de destacar que el promedio de velocidad con el que sorteamos a los árboles, perros y ramas debe seguramente haber oscilado los 70 kilómetros por hora y que estuvimos varias veces cerca del desastre de terminar acosados sobre el barro.